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Reflexión

Los dos monjes y la mujer en el rio

Dos monjes budistas iban viajando juntos hacia su monasterio y tenían que atravesar un río caudaloso, y se encontraron en la orilla a una mujer llorando que les pidió por favor que le ayudaran a cruzar, pues ella no podía hacerlo por sí sola y necesitaba llegar a su pueblo para visitar a su madre que se estaba muriendo.

El más joven de los monjes, obedeciendo las reglas de su orden que prohibía a los monjes hablar o tocar a cualquier mujer, la ignoró y atravesó el río.

 

El otro monje se compadeció de la mujer, la cargó en brazos y la llevó al otro lado del río, donde se despidió de ella y luego los dos monjes continuaron su viaje.

 

Durante el camino el monje que cumplió las reglas iba enfadado, recordando lo que había hecho su compañero.

Tras muchas horas de viaje y muchos kilómetros recorridos el primer monje seguía pensando en lo ocurrido y cuando no aguantó más su enojo, le reclamó a su compañero por haber desobedecido las reglas, por arriesgarse a ser expulsado, por haber deshonrado a su congregación.

 

El segundo monje le respondió:

“Yo dejé a esa mujer hacer horas en la orilla del río, pero tu ¿por qué sigues cargando con ella?”

 

Y es que a veces, seguimos cargando enfados, iras, problemas, cuando deberíamos dejarlas por el camino… lo pasado, pasado está. Debemos avanzar en el camino y vivir en el presente. En el aquí y ahora, dejando atrás todo aquello que daña o que nos impide evolucionar.

Aprende a soltar, a dejar ir los pensamientos que sólo te nublan la vista de tus objetivos. Todos podemos tener una vida mejor. Libérate de las cadenas que te mantienen atrapado. Vivamos en el amor y no en el rencor y odio.