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Reflexión

El árbol de los deseos

Un hombre caminaba por el bosque dándole vueltas a sus preocupaciones, pensando en sus muchos problemas. Agotado, se detuvo a descansar a la sombra de un árbol, pero se trataba de un árbol mágico que concedía instantáneamente todos los deseos de cualquier persona que lo tocara.
El hombre estaba sediento, así que pensó para sus adentros que le encantaría tener agua fresca. Al instante, un vaso de agua fría apareció en su mano.
Sorprendido, miró el agua y la bebió. Cuando calmó su sed, se dio cuenta de que estaba hambriento y deseó tener algo de comer. Un plato de comida apareció ante él.

“Mis deseos se vuelven realidad”, pensó el hombre con incredulidad.
“Si realmente es así, deseo tener un hermoso hogar”, dijo en voz alta.

La casa apareció en el prado que se extendía frente a él. Una gran sonrisa cruzó su rostro mientras deseaba tener sirvientes que se hicieran cargo de aquella maravillosa casa.

Cuando aparecieron, se dio cuenta de que de alguna manera había sido bendecido con un poder increíble y deseo tener una hermosa, amorosa e inteligente mujer con quien compartir su buena fortuna.

Cuando la mujer apareció ante sus ojos, le dijo: “Espera un minuto, esto es ridículo. Nunca he tenido tanta suerte en la vida. Esto no me puede pasar a mí”.

No había terminado de pronunciar esas palabras cuando todo desapareció. Resignado, el hombre se dijo: “Lo sabía, algo tan maravilloso no me podía pasar”. Y se alejó cabizbajo pensando en sus muchos problemas.

A muchas personas, como al hombre de la historia, le suceden cosas maravillosas que luego se desvanecen como por arte de magia simplemente porque piensan que no las merecen.
Esta parábola nos invita a reflexionar sobre lo que esperamos de la vida y lo que creemos que podemos alcanzar.
Cuando creemos que no somos lo suficientemente valiosos como para alcanzar ciertas metas, en nuestro interior se activa un mecanismo dirigido a confirmar esa presunción, convirtiéndola en una certeza. Por lo tanto, si creemos que no nos merecemos algo, encontraremos la manera para impedirnos alcanzarlo.

“Para alcanzar lo que deseas, primero debes creer que lo mereces”.